¡Hay que tener en cuenta que una buena actitud siempre será beneficiosa para nuestra salud y para la manera en cómo nos vemos! No hay que dejar pasar por alto que lo que demostramos en nuestra vida, tanto en actitud como trato, define la manera en que nos vemos.

Esto está muy ligado a nuestro peso, ya que es bien conocido que las personas que tienen una mala actitud con la vida y siempre tienen caras largas con todo el mundo, tendrán peores situaciones y episodios en cuanto a la salud. Sigue leyendo y deja tu comentario.

Hay que tener en cuenta que una buena salud será siempre el resultado de una buena actitud con la vida y con las personas que nos rodeen, lo que se transmitirá no so0lamente en una apariencia física mejor, sino también mejores relaciones interpersonales.

Hay muchos estudios que demuestran que las personas que se la pasan siempre con caras largas y malas actitudes con su entorno, será las que más padecimientos sufrirán a lo largo de toda su vida, afectando así también su peso ideal, el cual no podrán alcanzar nunca.

Como bien dicen los psicólogos, hay que sonreírle a la vida, y esto no es un mito ni cuento de camino, ya que siempre vemos como las personas más felices, son las que mejor salud tienen, las que no padecen de ninguna enfermedad ligada a los estados de ánimo.

Por eso es que siempre es bueno tener una buena cara, no solo con la vida, sino con quienes nos rodean, sonreír siempre que podemos, evitar los malos ratos ocasionados por nuestra mala actitud con nuestro entorno, los cuales siempre se pueden evitar de la mejor manera.

youtube.com

Los especialistas descubrieron que la gente que se enojaba con mayor regularidad sentían apetito múltiples veces al día.

Al comer más y no gastar la energía tras el coraje, la glucosa ingerida en los comestibles terminaba por transformarse en grasa.

En su estudio los especialistas asimismo señalaron que las hormonas producidas a lo largo de los enojos asimismo se hacen presentes en el momento en que una persona está tensa, miedosa o bien agobiada.

El informe difundido asimismo descubrió que a lo largo de una riña provocada por el mal humor aumentan los niveles de insulina que van a la sangre, lo que asimismo termina por acrecentar la sensación de apetito.

Juan Manuel Villa, dietista y autor del libro “El que se enfurece engorda”, apoya esta teoría, argumentando que hay una angosta relación entre el peso de las personas y sus emociones.

Para él la segregación de adrenalina y cortisol provocan un proceso de inflamación que hace que las células no sean capaces de liberar energía, lo que no deja que la gente queme suficientes calorías a lo largo del día.

En otras palabras, si el peso es un inconveniente en un organismo, sostenerse en un estado mental equilibrado puede asistir a reducirlo.

Gracias Por Visitarnos Comparte Esto Con Tu Familia Y Tus Amigos. Deja Tu Comentario. 

Via: televisa.com