¡La actitud mental es algo que debemos mantener siempre en el nivel más alto durante toda nuestra vida! Si queremos llegar a envejecer con una calidad de vida mejor, debemos sonreír lemas a todo lo que hacemos.

Es imprescindible que logremos tener una vejez saludable y feliz, y para esto debemos sentirnos bien siempre con nosotros mismos y con todo lo que hacemos. Quédate hasta el final y deja tu comentario.

Debemos tener siempre una actitud joven, esa que nos ayude a desenvolvernos mejor en todo lo que hacemos, sin importar la edad claro está, ya que la edad es sólo un número que a veces nos hace detenernos en lo que hacemos.

Está muy estigmatizado el tema de la edad, ya que se piensa que por una persona llegar a cierta cantidad de años no puede hacer una u otra cosa, Esto es una manera muy errónea de pensar y que inhibe a la gente de hacer lo que le gusta.

Es por esto que no debemos tener tabúes si vemos a una persona de edad avanzada haciendo algo que sólo harían los jóvenes, ya que lo que verdaderamente importa es como nos sintamos por dentro.

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Personas de mente joven, personas que no envejecen

Tener la mente joven es un privilegio reservado a muy realmente pocas personas. Tanto es de esta forma, que hay jóvenes que disponen de psiques octogenarias, en las que, sus horizontes no se nutren de nuevas perspectivas.

Este género de perfiles no son nada útiles cuando uno debe escalar ese último escalón de la vida que es la vejez.

Es entonces cuando precisamos considerablemente más fuerza, más energía y positivismo para mitigar el dolor físico de esos huesos que duelen, de esa pérdida, quizá, de nuestro cónyuge, de esa tristeza que en ocasiones se adhiere sin saber por qué.

Un corazón alegre y una psique joven se transforman en los mejores los aliados para poder ver con más claridad desde la cima de esa montaña que es la madurez personal.

Pues avejentar es ante todo el arte de proseguir nutriendo esperanzas, y esto, es lo que nos ofrecen las personas que tienen ese brillo tan singular en su mirada.

Junto a mí solo deseo a los mejores

Conforme un interesante estudio publicado en la gaceta “Current Biology”, los humanos y los monos nos parecemos en más comportamientos de los que pensamos.

Uno verdaderamente singular es el que desarrollamos conforme nos hacemos mayores: el de volvernos deliciosamente selectivos en nuestras amistades.

Ahora bien, está claro que esto es una cosa que muchos ya practicamos sin precisar haber cruzado el umbral de los setenta.

No obstante, es tal y como si en la vida de muchos primates se tuviese la necesidad vital de buscar el apoyo y la compañía rutinaria de aquellos miembros más significativos, justo cuando la cuota de vida, comienza a limitarse.

A lo largo de la juventud es exactamente cuando no aplicamos este filtro de selección: nos aferramos a la primera cosa que hallamos, así sean amores o bien amistades.

Ahora bien, el aprendizaje que conseguimos de estas experiencias es el que poquito a poco, va guiando nuestra brújula interna para decirnos por último lo que se ajusta a nosotros y lo que no.

Cuando uno llega a la madurez avanzada, prosiguen quedando ganas y energías por conocer gente, por relacionarnos. No obstante, somos deliciosamente escogidos.

No nos vale cualquier cosa. Laura Ameling, científica del “Centro Alemán de Primates”, descubrió que los simios más ancianos se juntaban con unos pocos miembros de su conjunto y rechazando a otros.

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